Existe un patrón bastante frecuente en muchas mujeres después de una separación: una relación desordenada con la comida.
Suelen buscar refugio en la comida cuando se sienten tristes o con ansiedad. Algunas de ellas ni siquiera son conscientes de que tienen “hambre emocional”. es decir, hambre que no es real: es un impulso por comer de manera desmedida o alimentos no saludables para colmar su vacío o ansiedad y conseguir un falso bienestar que provoca como consecuencia sentimientos de culpa, vergüenza, desasosiego, porque la comida no logra el beneficio buscado.
El problema no es solo lo que se come, sino cómo se come: de forma ràpida, automática y sin conciencia. Muchas de ellas tampoco saben que comer así puede tener graves consecuencias para su salud y derivar en:
- Digestiones pesadas
- Desregulación del apetito
- Mayor dependencia de alimentos muy palatables (azúcar, ultraprocesados)
- Sensación recurrente de culpa o pérdida de control
No es únicamente una cuestión de peso, pero tampoco en todos los casos tiene consecuencias “graves”. Depende de la frecuencia y del contexto.
Y no, no se soluciona solo con fuerza de voluntad.
Porque no es un problema de disciplina, sino de conciencia.
Aquí es donde entra una herramienta útil: mindful eating (comer con atención plena).
No es una técnica mágica, pero sí es eficaz para introducir una pausa real en el comportamiento automático.
Clave: empieza a practicarla en momentos neutros.
Intentar aplicarla directamente en picos de ansiedad suele fallar.
Ejercicio práctico
- Coge una fruta pequeña (una uva, una fresa…).
- Obsérvala durante unos segundos: forma, color, detalles.
- Tócala: textura, temperatura, consistencia.
- Huélela: fíjate si te evoca algo.
- Llévala a la boca sin tragar de inmediato: percibe sabor, acidez, dulzor. Mastica despacio.
- Traga lentamente y haz una pausa.
Este ejercicio no busca que comas “perfecto”.
Busca algo más concreto: romper el piloto automático.
Sin esa pausa, no hay capacidad de elección.
Y sin elección, el patrón se repite.